Desde el conurbano bonaerense, el empresario Carlos Ptaschne se propuso recrear el Rastrojero -ese mítico vehículo utilitario desarrollado y producido en nuestro país entre 1952 y 1979- pero adaptándolo a las nuevas tecnologías disponibles en materia de propulsión eléctrica.
Desde una perspectiva estilística, meterse con autos ya desaparecidos que están muy arraigados en la cultura popular siempre implica un gran riesgo, ya que hay muchas cuestiones emocionales puestas en juego. En el caso del Nuevo Rastrojero la propuesta de diseño va hasta los cimientos que le dieron vida a su antecesor: utilidad pura y bajo costo operativo. En otras palabras: hacerle ganar plata a su dueño. Está ideado casi exclusivamente para su uso agrícola, como una herramienta de trabajo y movilidad para productores de alimentos. No hay pretensiones de eficiencia aerodinámica (ya que no está pensado para desarrollar grandes velocidades) y por eso los volúmenes son muy marcados y las superficies planas, verticales y totalmente despojadas de elementos decorativos. Por eso el resultado es una apariencia muy rústica, casi militar, que va en línea con el carácter noble, humilde y trabajador que el vehículo pretende transmitir. Las referencias a los modelos de antaño van desde lo funcional, con las barandas de la zona de carga diferenciadas y rebatibles, hasta lo emocional, con una mirada de ojos redondos dibujada por LED (el toque tech), enmarcados en una gráfica cuadrada como en el modelo de 1968. Esa referencia emotiva está bien lograda, y el desafío que queda para el equipo de diseño liderado por el joven Facundo Castellano Dávila, es terminar de dar los toques estilísticos para lograr comunicar lo que el vehículo pretende ser: una herramienta.

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